Jueves 8 de Octubre de 2026
El saneamiento de nuestra
sistema de garantías constitucionales
En nuestra opinión, sanar al Estado
de la deriva autoritaria y totalitaria que ha tomado España –(donde, cuando
menos, el Poder Ejecutivo ha fagocitado al Poder legislativo, con ataques continuos
y antidemocráticos al Poder Judicial)- pasa por distintos hitos, entre los que
es fundamental sanar el sistema de garantías constitucionales. Es un
hecho conocido que el Tribunal Constitucional (TC) ha dejado de cumplir esa su función
estatal para convertirse en un brazo alargado del Poder Ejecutivo. Y lo ha
hecho de dos maneras: a) suplantando al Poder Legislativo y al Pueblo Español (art.1
Constitución) al asumir el poder estatal de crear derechos fundamentales (aborto,
eutanasia), que corresponde al Poder Legislativo y al Pueblo Español, donde
reside la soberanía nacional, encargado de aprobar por referéndum tales
modificaciones de la Constitución. b) asumiendo las competencias y Poder
estatal de ser el máximo interprete del Ordenamiento Jurídico (art. 123.1Constitución)
(baste recordar sentencia de EREs y de amnistía y malversación de caudales públicos).
Y en ambos supuestos en intima coincidencia con las políticas del Poder Ejecutivo.
Quizá el problema radica en que el
sistema de elección de los Magistrados del TC ha mutado, en modo tal que no
sólo se eligen juristas de reconocido prestigio y competencia (art.159.2
Constitución), exigiéndose ahora de ellos también la reconocida idoneidad política
y partidista. Desde nuestro punto de vista, es sumamente revelador observar las
argumentaciones jurídico-constitucionales inasumibles para un jurista que, en todos
esos supuestos, nos da el TC para salvar (“santificar”) constitucionalmente la voluntad
del Ejecutivo, de tal manera que pareciera que los magistrados se olvidan de lo
que establece el art. 159.6 Constitución (“los miembros del TC serán
independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato”).
Todo esto es urgente cambiarlo de raíz
para sanar nuestro Estado de Derecho.
Valentín Cortés