Jueves 12 de Febrero de 2026
El Sr. Sánchez y la responsabilidad por Adamuz
Ayer no oí al Presidente de
Gobierno, en el debate en el Congreso sobre el accidente ferroviario, que
asumiera ninguna responsabilidad ni personal ni gubernativa. Y tuve la impresión
de que no le importaron nada las advertencias de futuro penal que le hicieron
algunos diputados. Me confirmé, pues, en la idea (que siempre he mantenido) de
que la tendencia legislativa y procesal a criminalizar conductas --aun cuando la
sociedad pueda entender que deban ser enjuiciadas desde la óptica penal--, sin embargo
no es siempre operativa porque la certeza y seguridad jurídicas (que es la finalidad
del Derecho) se obtienen normalmente más rápido y mejor con soluciones jurídicas
civiles o administrativas, entre otras cosas porque buscar la solución del
conflicto imponiendo penas personales ( privación de libertad, de derechos, etc.) impone, se quiera o no, un plus en la exigencia
procesal, con lo que ello lleva de complejidad y tiempo. Por eso, en conflictos
fronterizos entre el Derecho Penal y el Derecho privado o administrativo
siempre he creído que la búsqueda de solución penal no debería ser la
prioritaria, a no ser que claramente estemos en un caso penal
Cada día que pasa, lo único que
está claro de este accidente es que no es consecuencia de un caso fortuito o de
una fuerza mayor, sino de la existencia insoportable de dejadez, de inoperancia,
de falta de profesionalidad o de conocimientos, o, si queremos, de una irresponsabilidad
generalizada en los organismos administrativos y políticos, y sus servidores, que,
de haber actuado, o de haberlo hecho preventivamente con diligencia, podemos
pensar que no se hubieran producido estas desgracias o se hubieran producido con
menor magnitud. La pregunta que debemos
hacernos es si eso es o no delito, porque sólo si estamos seguros de que eso es
delito, y sabemos quién o quiénes lo han cometido, la vía penal tiene sentido, porque
en estos temas reparar el daño (que es lo fundamental) es independiente de que
se haya o no cometido delito, sin olvidar que averiguar la existencia de delito
puede llevarnos, de facto, a la nada.
Valentín Cortés