Miércoles 7 de Octubre de 2026
El desprecio de Puigdemont
Para que el Sr. Puigdemont (vid. la
prensa de hoy) pueda pavonearse de haber doblegado al Estado y de afirmar que “lo
volverá a hacer” (golpe de Estado), sin duda ha tenido que silenciar lo que
todos conocemos: la serie de actos jurídicos, y sucesivos en el tiempo, que van
desde su “golpe” hasta ahora y la causa de los mismos, que podemos englobar en
un pacto en el que a cambio de apoyo parlamentario del partido de Puigdemont al
Sr. Sánchez, durante la legislatura que empezaba, aquel se vería, junto con sus
compañeros de golpe, libre de cualquier
pena o castigo por parte del Estado. Todo esto es de conocimiento general y en terminología
procesal podríamos denominarlo un “hecho notorio”. Calla y omite, pues,
que ese pacto tenía importantes condiciones resolutorias de cumplimiento
sucesivo en el tiempo, entre otras, la modificación del Código Penal (rebelión,
sedición, malversación de caudales públicos) y la promulgación de la ley de amnistía
y su adecuación a las exigencias que él mismo impuso. Este señor no ha
doblegado ni desprecia a los Poderes del Estado, como se pavonea, simplemente
ha satisfecho voluntades de personas que deseaban el Poder. Pero el Estado de
Derecho no se ha doblegado por ello, si alguien se ha doblegado son los servidores
de esos Poderes. Las palabras de Puigdemont sólo ofenden a esos servidores.
Y todo ello con el visto bueno y
autorización necesaria del Tribunal Constitucional, que ha decidido que la amnistía
es constitucional y que ha suplantado, una vez más, al Tribunal Supremo en su función
exclusiva y excluyente de interpretar el Ordenamiento Jurídico (art.123.1
Constitución), hasta conseguir que una deficiente ley de amnistía, que no cubría
la malversación del Sr. Puigdemont, se le aplique. Ahí queda para el futuro el
voto particular de cinco magistrados frente a una sentencia, que, por prevista,
no es menos desacertada y perjudicial para el Estado de Derecho.
Valentín Cortés
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