Miércoles 4 de Noviembre de 2026
La dimisión del Sr. Puente
Después de una larguísima intervención
de varias horas en el Congreso sin aceptar responsabilidad alguna en los
accidentes de tren de los últimos meses, el Sr. Puente dimitió en base a
conceptos tan indeterminados, etéreos y pocos jurídicos o constitucionales como
“dignidad política”, “coherencia” y “empatía con las víctimas”,
dado que (nos dijo solemnemente) “un Ministro de Transportes no puede continuar
en el cargo con dos accidentes de esta gravedad” (sic).
Pero, en realidad, el tema no es
así, si leemos la Constitución(CE); en efecto, al igual y en correspondencia al nombramiento
de ministro, que se acepta si libremente se quiere aceptar, la dimisión de ese
cargo recorre el mismo camino centrado en la voluntad como única causa. Si, por
el contrario, un ministro se ve forzado a dimitir (como parece que es el caso,
según su propias palabras) sólo puede ser porque realmente entiende que la responsabilidad que aceptó en
el nombramiento por el Presidente( art.100 CE) no la ha asumido como se establece en CE ( art.98.2) que nos dice que el Presidente
dirige la acción del Gobierno sin “perjuicio de la competencia y responsabilidad
directa de éstos( los ministros) en su gestión”; es decir, un ministro tiene
que cumplir con las obligaciones que se derivan del ejercicio de sus competencias: y ésta es su única responsabilidad.
Y es entonces cuando hay que preguntarse si ha habido acción o inacción en el ejercicio de sus
competencias gubernamentales (art.98 CE) y si ha habido o no en ese ejercicio arbitrariedad (art.9.3 CE). Desde este prima, estamos seguros que el Sr. Puente ha dimitido por no
cumplir con las obligaciones de ministro y, en consecuencia, no asumir las responsabilidades
que aceptó en su nombramiento; en este contexto, el Presidente de Gobierno tambien es
responsable de haberlo nombrado ministro, y, posteriormente, de no haberlo
cesado, como era su obligación dada la trayectoria del ministro que hemos padecido los españoles.
Valentín Cortés